Cansado de luchar por obtener su libertad, se sentó en el suelo y, confundido, contempló aquel cristal, enorme y aparentemente fácil de romper, que se alzaba frente a él. Tras ese cristal podia ver personas en diferentes situaciones. No se habia fijado antes, pero conocía a todas esas personas. Todas esas personas formaban parte de su vida. Se dijó atentamente y se dió cuenta que aquello que veia detrás del espejo eran sus recuerdos. Tristes, alegres, deprimentes, felices y tormentosos, todos estaban ahí. Ver todos esos recuerdos le produjeron una innumerable cantidad de sentimientos. Sentimientos vividos, sentimientos olvidados.
De pronto toda esa sucesión de recuerdos se detuvo, y apareció tras ese espejo aquella persona a la que tanto amaba. Estaba mirandole, o eso pensaba él. Pronto se dió cuenta que aquel cristal no era transparente por fuera, pues su amada no reaccionaba viendole atado. Derrepente ella se desplomó, y arrodillada en el suelo, lloraba mientras gritaba el nombre del joven preso. Él estaba allí, gritando con todas sus fuerzas que estaba delante suya. Pero no le oia. Un ataque de ira recorrio sus venas al encontrarse en tal situación. Volvió a luchar por poder moverse de nuevo. Tiró, siguió tirando. Hacia tanta fuerza que sintió que le iban a arrancar sus extremidades. En un último esfuerzo las cadenas cedieron, era libre, pero aun quedaba un problema, seguía estando al otro lado del cristal.
Cegado por su colera, arremetió con todas sus fuerzas contra el cristal. Sintió que lo había roto, podia ver escombros del cristal tirados por el suelo. Alzó su mirada rápidamente para poder estar con ella. Pero algo no iba bien, el cristal seguía intacto. No entendía qué estaba pasando y se acercó al cristal para examinarlo.
Puso su mano sobre este, era frio como el hielo. Tras un breve descanso, se volvió a centrar en romper el cristal, pero sus golpes seguian sin dar resultado. A cada golpe, salian más trozos de aquel cristal, pero seguia sin romperse. Desesperado siguió golpeando el cristal. Los restos del cristal empezaron a clavarse en sus manos, que ensangrentadas, seguian impactando sobre el gélido cristal. Era inutil, nada de lo que hacia era capaz de romper aquella barrera que le separaba de su amada. Le dolian las manos y la sangre no paraba de fluir. El cansancio pudo con él. Se derrumbó sobre aquel suelo cubierto de cristales y sangre. Ya no podia continuar. Finalmente se dio cuenta de que jamás podria salir de alli, aquel lugar se habia convertido en su celda de cristal."
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