Llevaba horas tumbado en el suelo. La última vez que alzó la mirada, aún era de día. Sacó el móvil para mirar la hora. "Las tres de la madrugada" se susurró a si mismo. Se levantó del suelo, recorrió el pasillo hacia el salón y salió al balcón. Se sentó en el suelo, sacó el cigarrillo y el mechero, y continuó con aquel reciente vicio que tanto odiaba. En lo alto del negro cielo se situaba aquella compañera inseparable suya, alumbrando desde hace ya mucho tiempo incluso la noche oscura.
Empezó a mirar a pensar en todo lo que había pasado, en cómo había terminado en solo unos instantes aquella relación que llegó a durar años. Le dolían las manos, tenia los nudillos destrozados, había arrojado toda su rabia contra las paredes del dormitorio. Le sangraban las heridas que se había hecho al golpear las paredes, pero no sentía dolor excepto aquel que se refugiaba en su pecho. Ahora todo había terminado, ya no quedaban lágrimas, ni rabia, ni enfado, solo aquel dolor que parecía que duraría para siempre."
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